
Una vez conocí a una niña que se llamaba Cecilia.
Tenía una mamá que siempre le ayudaba a ver lo que estaba bien y lo que estaba mal. A veces, Cecilia, no se daba cuenta, pero mamá siempre lo hacía por su bien.
Había dos cosas que le encantaban. Los colores y los dulces.
No siempre sabía qué color prefería para pintar el sol, a veces naranja, otras veces amarillo... y mamá le decía que no se preocupase, que el sol no siempre era del mismo color. Podía pintarlo amarillo... o podía pintarlo naranja.
Pero con los dulces... no lo tenía tan fácil. Sus preferidos eran dos: el dulce de leche y el chocolate.
Y había un problema... mamá pensaba que tanto dulce era malo. Así que un día le explicó que debería elegir.
- ¿Cúal es tu preferido? - preguntó mamá.
- Mmmmm... pues... mmmm el dulce de leche - gritó Cecilia.
- Pues bien, para que no te haga daño tanto dulce, vamos a poner unas normas.
A Cecilia, que estaba acostumbrada a que mamá no le pusiera normas, esto no le gustó nada. Pero algo le decía que mamá no se equivocaba.
Siguieron hablando:
- Yo te dejaré elegir. Podrás comer todo el chocolate que quieras.
- BIEEEN - volvió a gritar Cecilia- Con almendraaaas con almendraaaas!!
- Pero si comes todo el chocolate que quieras... no podrás probar ni un poquito ni un poquito de dulce de leche.
- ¿Ni un poquito? - protestó Cecilia.
- No, ni un poco... Y si decides comer dulce de leche... todo el que quieras... deberás saber que solo podrás comer dos onzas de chocolate.
- Pero mamá! el chocolate es con almendrás!! Porfaaaaaaa.
- No Cecilia, solo dos onzas.
Nuestra pequeña amiga se quedó pensativa. En su cabeza retumbaba la frase: "Ni un poquito de dulce de leche.... ni un poquito"... retumbaba infinitamente, y pensaba, "no puede ser, no puede ser... a mí me encanta el dulce de leche". Y de pronto volvía a retumbar "solo dos onzas... solo dos onzas... pero si es con almendras... cómo voy a comer solo dos onzas?"
No había dicho que Cecilia era indecisa por naturaleza. Y estaba acostumbrada a decidir, a pensar y a dejar cosas atrás.
Pero este caso era distinto... solo tenía claro que el dulce de leche no podría dejar de comerlo... pero .... otra vez en su cabeza... "sólo dos onzas... solo dos..."
Llegados a este punto os voy a pedir que seais Cecilia y me digais qué decisión tomareis. Yo creo que lo tengo claro... mmm ... o no?